Salmos 119:113-120
Mi carne se ha estremecido por temor de ti
Salmos 119:113-120
Salmos 119:113-120
La Segunda Venida de Cristo es una realidad que todos esperamos, pero es una realidad que todos deberíamos saberla bien y atesorarla.
Salmos 145:1-9 “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena...”
Si hay alguien quien conozca bien la oscuridad del pecado, la bajeza de nuestra depravación, la depresión que ejerce el sentimiento de culpa, la humillación de la corrección, la necesidad del perdón, la gracia del Señor, la inmensidad de Su misericordia, y la fidelidad de Dios a través de la restauración, ese podría ser David.
¿Cuánto puede lograr una oración ferviente y eficaz? Esa es una de las respuestas que solamente lo sabremos personalmente cuando experimentemos el poder de Dios obrando en favor de esa oración.
«Por medio de Su encarnación, Jesucristo vino a poseer una naturaleza física, humana, real, consistente en espíritu, alma y cuerpo, lo cual le confería una verdadera humanidad» – Emery H. Bancroft
La verdad de la deidad de Jesús es fielmente declarada en toda la Biblia, y es una verdad que no debe ser rechazada.