¿Puede recordar ahora las muchas veces en las que ha visto la mano de Dios librándole de gran peligro? Porque no tomamos esos momentos para dar gracias a Dios, mientras compartimos a otros de las grandes y maravillosas proezas de nuestro poderoso Libertador (v. 9, 10 y 17).
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Somos una Familia
Para poder caminar con dirección debemos tener un destino, y el propósito de la Iglesia nos ayuda como brújula acercándonos a ese destino.
El camino de los malos
Cuando esos pensamientos de envidia y los sentimientos de injusticia nos invadan, callémoslos recordando que Dios mira sus vidas y la nuestra (v. 7). No se enoje por lo que sucede ni considere hacer mal usted también, porque un día Dios pagará con gran retribución de acuerdo a los caminos que hayamos escogido (v. 8-11).
¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?
El creyente que realmente ha tenido una experiencia directa con la santidad de Dios vive un testimonio que resalta de los demás, llevándole a vivir sólo para Él.
La dicha del perdón
Si hay alguien quien conozca bien la oscuridad del pecado, la bajeza de nuestra depravación, la depresión que ejerce el sentimiento de culpa, la humillación de la corrección, la necesidad del perdón, la gracia del Señor, la inmensidad de Su misericordia, y la fidelidad de Dios a través de la restauración, ese podría ser David.
¿Con qué tipos de corazón te vas a encontrar?
No debemos basar nuestra responsabilidad y fidelidad de evangelizar en función de los resultados, sino en el privilegio y deseo de obedecer y servir a Dios.
Jehová es mi luz y mi salvación
Cuando nos encontramos en medio de problemas o ante crueles enemigos tres elementos pueden ser nuestros aliados para enfrentar apropiadamente: Luz, salvación y fortaleza.
¿Quién lo hará?
Aprendamos de las consecuencias de la desobediencia en cuanto a compartir el mensaje de Dios con otros.
El Rey de gloria
Para comprender la urgencia de nuestra obediencia debemos entender la realidad de aquello que le espera al que no es salvo.
Una necesidad urgente
Para comprender la urgencia de nuestra obediencia debemos entender la realidad de aquello que le espera al que no es salvo.